domingo, 12 de febrero de 2012

Megafón o la Guerra (un inicio)


Hacía fácil 9 años que no leía a Marechal. El impacto de Adan Buenosayres, en el primer año de filosofía, se sentía bastante fresco. Era un conjunto de impresiones de una historia que yo recordaba fragmentada. Un relato mítico de origen, una gaucho-política de Buenos Aires, una mitológica para explicar, magestuosamente una historia propia y ajena. 

El "Cuaderno de Tapas Azules", como una obrita incrustada en ese libro, era el recuerdo de Adán cabalgando en su caballo por las pampas, en una inocencia prístina de juventud, de felicidad cuasi eterna. La gracia estaba guardada en el fragmento de las tres viejas que aparecían en una escena de velorio. Samuel Tesler, gran personaje. La imagen de Nuestra Señora de los Buenos Aires, o del Buen Ayre, no recuerdo bien, con el niño y el bargantín, uno en cada brazo. Una historia de amor que acontecía en las calles de Villa Crespo. Un viaje onírico a los límites de la ciudad, que asomaba a una oscura y misteriosa pampa, que, por conexiones de lecturas contemporáneas, a mí me recordaba al Kusch de Indios, Porteños y Dioses. Y algunos otros fragmentos.

Karina leyó el año pasado, o el anteaño, no sé bien, a Megafón, y se cagó de risa. Se lo pedí y lo guarde en la silla que oficia de mesita de luz, durante meses. La empecé a leer y lo dejé suspendido, la excusa del doctorado y de otras lecturas y escrituras me mantiene a salvo. 

Llegó el verano, y una nueva rutina aparece culposa. Una lectura recreativa, me digo, para descansar de la lectura académica. Y aunque tenía otros libros en puerta, elegir de nuevo a Marechal está resultando fructífero. Básicamente por algo: me dieron ganas de escribir aquí, y comenzar con él este registro público de relatos y fuentes. Muy trillado, es que, como decía Deleuze, hay que pasar... tal vez... saturar un poco o mucho lo trillado... el riesgo de lo cursi está siempre presente. Que se me acuse de platónico, por seguidor de este neoplatónico a la argentina y filoperonista. No hay problema. Nos la bancamos. Megafón, o la guerra.

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